HISTORIAS DE BAR #2

Ese día llegaron tres amigos al bar y se sentaron en las mesas de afuera. Estaban celebrando. Uno de ellos me dijo: ella se va a estudiar a Europa, y señaló a su amiga sentada en frente. Su amiga me miró desprevenida y lo miró a él, como no entendiendo por qué me revelaba esas cosas a mí, una desconocida. Sonrió y respondió en venganza: Él va a ser papá. Lo señaló. El chico se sonrió divertido por el juego y apuntó a su otra amiga sentada al lado de ellos dos: Y ella se acaba de mudar por fin a su departamento nuevo. Todos sonrieron y me miraron, como si fuera mi turno. Entonces yo jugué: A mí me acaban de despedir del trabajo.

Y se les borró la sonrisa.

No, chicos, pero está bien, les explico. Sus caras se fueron desfigurando hacia abajo. ¿Está bien?, me preguntó la próxima estudiante en Europa. Sí, está bien, les dije calmándolos. Pero ninguno entendió, y es normal. A mí también me llevó tiempo entender que los momentos de crisis son una oportunidad.

En las mesas de adentro había un grupo más grande celebrando un cumpleaños. Eran seis, cuatro hombres y dos mujeres. Su conversación no se entendía, flotaban palabras entre los picos altos de la lista de rock que sonaba en Spotify. Hasta que en el cambio de canción, uno de los chicos dijo esta frase fuera de contexto: “Yo ya no corro para llegar al colectivo, ni al subte. Ahora los dejo pasar. Si no llego, no llego”. Y empezó la música.

En otras palabras, este chico aprendió a fluir.

De todo se hace una crisis, porque en efecto todo se presta para eso: no llegar a tiempo a tomar al colectivo, que te boten del trabajo. Pero hay dos maneras de tomarse las cosas: peleándose con la realidad inmediata, o haciéndose las preguntas correctas. Y sólo una de las dos funciona.

Aprender a soltar -a fluir- es una de las cosas más difíciles, porque queremos controlarlo todo. El tráfico, la rutina, el trabajo que sabemos hacer pero que no nos apasiona, el mismo transporte a la misma hora, en el mismo lugar. Hasta que un día aprendes a no desesperar si se te pasa el colectivo. A entender, que cuando algo se termina es para hacer espacio porque viene algo más. Algo para ti. Como estudiar en Europa, o ser papá, o mudarte –por fin- a tu nuevo departamento y sales a brindar con tus amigos.

Por: Paola Soto
www.porprimeravez.wordpress.com

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